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23.10.2018

¿Cuánta azúcar necesita el cerebro de los niños?

El cerebro puede gastar hasta el 20 % de la glucosa que consumimos, pero glucosa y azúcar no son sinónimos.

El debate sobre el azúcar no termina, y está muy lejos de hacerlo. El cerebro representa menos del 2% del peso corporal, pero gasta hasta el 20 % de la energía del total de la glucosa que consumimos. Desde un punto de vista químico, tiene unas exigencias energéticas y metabólicas elevadas. La razón es sencilla: nuestro cerebro, y el de nuestros hijos, es el centro de operaciones, el centro de mando, que debe dar órdenes con rapidez para sintetizar y liberar neurotransmisores que comuniquen millones de neuronas., detalla Consumer.

Por ello necesita oxígeno y glucosa, ya que es un combustible energético excelente y rápido. 

La publicidad, el marketing y algunos artículos poco rigurosos han potenciado un debate y una carrera contra el "oro blanco" sin sentido, porque realmente no es ni totalmente a favor ni en contra. El azúcar es necesario como fuente indispensable de energía, sobre todo para el cerebro. Sin embargo, no hacen distinción entre los distintos tipos de azúcar, por eso la clave es la prudencia y el sentido común al momento de ingerir las cantidades necesarias y desde qué alimentos.

El origen de la palabra azúcar hay que buscarlo en el griego sakcharon; por eso, en distintos idiomas se denomina sucre, zucker, zucchero, etc. También por ello, en los textos de bioquímica se habla de sacáridos, aunque también reciben las siguientes denominaciones: glúcidos (glykýs en griego significa dulce), carbohidratos, hidratos de carbono o azúcares. Este gran grupo genérico se divide en monosacáridos, disacáridos y polisacáridos.

Dentro de los monosacáridos, los que tienen interés nutricional son la glucosa, la fructosa y la galactosa.

En los disacáridos están la sacarosa (fructosa más glucosa) y la lactosa (galactosa más glucosa). El azúcar industrial, sea blanco o moreno, en polvo o en terrones, es sacarosa pura y se extrae de la caña de azúcar o de la remolacha.

En el tercer grupo, polisacáridos o azúcares complejos, tenemos al almidón (con cadenas muy largas formadas por cientos o miles de moléculas de glucosa enlazadas), el componente principal de tubérculos, raíces comestibles, cereales y legumbres (en estas también encontramos, entre otros nutrientes, oligosacáridos y una pequeña proporción de azúcares simples). 

Lo que necesita el cerebro (y lo que no)

El cerebro de nuestros hijos (y el nuestro) no necesita azúcar añadido a los alimentos en múltiples formas. El azúcar que sí necesita el cerebro y el cuerpo en general lo podemos hallar en todos los alimentos, sin excesivo procesamiento, de origen vegetal: frutas, frutos secos, hortalizas, verduras, legumbres, granos integrales, semillas, tubérculos, entre otros.

Frutas, zanahorias, puerros, cebollas o tomates, el azúcar de las legumbres, de los frutos secos, el azúcar en forma de almidón (cadenas de glucosa) de batatas, rábanos, nabos, remolacha, son sólo algunos de los alimentos saludables para un correcto funcionamiento.

Fuente: elintransigente

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